lunes, 15 de septiembre de 2014

FAHRENHEIT 451





AUTOR: Ray Bradbury
EDITORIAL: Minotauro
Nº DE PÁGINAS: 224
ENCUADERNACIÓN: Tapa dura
PRECIO: 17,95 










Hace muchísimo tiempo, en una época muy lejana los bomberos eran aquellos hombres que se dedicaban a sofocar los incendios, que salvaban a las personas y que incluso rescataban a gatitos encaramados a las copas de los árboles, pero como os he dicho, aquello fue en un tiempo remoto, tan alejado de nuestra memoria que ese pasado se ha convertido en incierto, en rumor, en una leyenda. Fuera como fuese, estamos en el presente y su labor actual dista mucho de estas meras especulaciones. En un tiempo donde las casas son ignífugas y la tenencia de libros constituye un acto ilícito, los bomberos son los hombres cuya misión es reducir a cenizas los libros, alimentar el fuego que los haga arder a 451 grados Fahrenheit, la temperatura a la que el papel arde.


Siempre me ha encantado la ciencia ficción y considero que entre sus páginas y escondidas en forma de historia se encuentran algunas de las más profundas reflexiones político – sociales que la literatura ha engendrado.

“Fahrenheit 451” nos presenta a Montag, un bombero orgulloso de su trabajo que vive en una sociedad que se mueve a la velocidad de la luz, en la que estímulos fútiles bombardean a sus ciudadanos a todas horas, en la que los coches circulan a ciento cincuenta kilómetros por hora y en la que no queda tiempo para la reflexión. Montag pasa así de un día a otro y del otro al siguiente, hasta que conoce a Clarisse, una joven a la que le gusta observar y dar paseos nocturnos, poco a poco la visión del mundo de esta chica comienza a hacer mella en Montag como una llovizna fina, de esas que poco a poco van calando y así comienza a replantearse las cosas y es que; ¿qué pensamientos perniciosos contendrán esos libros para reducirlos a la nada? 

Lo más escalofriante de la sociedad que nos trae “Fahrenheit 451” es su “efecto Nostradamus”, la capacidad profética de Bradbury, porque os aseguro queridos lectores que a medida que os adentréis entre las páginas de esta novela, las analogías con nuestra sociedad actual se formarán de forma automática en vuestra mente y eso, os hará reflexionar sobre a donde nos dirigimos.


A veces me escurro por ahí y escucho en los subterráneos. O en los bares de bebida sin alcohol. ¿Y sabe una cosa?
  -   ¿Qué?
  -   La gente no habla de nada.
  -  Oh, tienen que hablar de algo.
  - No, no de nada. Citan automóviles, ropas, piscinas y dicen ¡qué bien! Pero siempre repiten lo mismo, y nadie dice nada diferente…. ¿ha estado en los museos? Todo es abstracto. Mi tío dice que antes era distinto. Hace mucho tiempo los cuadros decían cosas, y hasta representaban gente.

Bradbury nos muestra una sociedad definida por el conformismo y la apatía, en la que sus ciudadanos viven anestesiados en un ocio lleno de películas, programas y discursos vacíos y en el que la tecnología lejos de ser un medio al servicio de las personas se nos presenta como una red que las atrapa. Una sociedad que vive sumida en un ritmo frenético y en la que paradójicamente, la población actúa como una horda de zombies arrastrada por la rutina.Las personas no son felices, el suicidio está a la orden del día convirtiéndose en algo tan común que deja de prestársele atención. Sólo quedan un puñado de personas cultas que son tratadas como unos tarados y unos parias.

¿Y entonces por qué se queman los libros? Porque los libros nos piden tiempo, tiempo para reflexionar, para procesar aquello que nos dicen, para cerrar sus tapas y retomar la conversación más tarde. “Fahrenheit 451” refleja los efectos de una sociedad enferma de mediocridad.

Recuerdas seguramente a un compañero de escuela excepcionalmente brillante, que recitaba las lecciones y respondía a las preguntas mientras los demás lo miraban con odio, inmóviles como estatuas de plomo. ¿Y no era ese mismo compañero brillante al que golpeaban y torturaban al salir de la escuela?....No nacemos libres e iguales como dice la Constitución, nos hacemos iguales. Todo hombre es la imagen de todos los demás, y todos somos así igualmente felices.

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